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martes, 5 de agosto de 2008

Popurrí en la Costa del Maresme

Tuvimos momentos para todo este pasado fin de semana en Calella de Mar. Hubieron demasiadas horas de por medio, por lo que tanto pudimos compartir una exquisita barbacaoa como unos buenos chapuzones entre las olas sin olvidar pasarnos por las Urgencias del Hospital. Nada grave por eso. Al pobre Ramsès le entró una reacción ocular el primer día, nada que no se pudiera remediar con la medicación correspondiente.

El viernes fue un día ajetreado. Partimos bien temprano de Barcelona y tras recalar en la que iba a ser nuestra vivienda durante el fin de semana nos dejamos de boberías y nos dirigimos al tema: la comida. Menudo festín entre pecho y espalda nos hemos metido este fin de semana, y porque no se compró más. Playa, siesta después de comer y más playa. Ni escrito en el Manual del Dominguero, oye. La duchita de rigor, a ponerse majete, paseíto con cabezada incluída por el Hospital y el desmadre.

No me extraña nada nuestro ánimo, energías y rostros que teníamos el sábado. El alcohol voló, como volaron muchas otras cosas que iban desapareciendo de su sitio. Pocos fueron los que acabaron como empezaron la noche, por no decir ninguno.

Así que el sábado fue más de relax, con visita incluída, nuevamente con playa de por medio, pero con una noche más tranquilita. Algunos se fueron a dormir antes que otros, algunos con más miedo que otros, pero todos con la satisfacción de que todavía quedaba el domingo.

Y llegó el que suelen llamar el día del Señor. Y ahí se volvió a recuperar las fuerzas, el ánimo y las ganas de comer. Aunque el manjar llegó tarde a la mesa, sedujo a todos y nos reactivó. Únicamente faltaba remojarse con la manguera como guinda de un buen fin de semana. Porque a pesar de tomarme el primer café con leche con azucar moreno, a pesar del olor a suegro muerto del garaje, a pesar del mal sabor del ron de seis euros y a pesar del tío imaginario que estaba sentado delante de la puerta de la cocina; pasar un fin de semana con todos vosotros no tiene precio.

lunes, 14 de julio de 2008

Relax en Les Planes d'Hostoles


Ya ha pasado un par de semanas, pero nunca es tarde para dejarlo plasmado aquí. El final de temporada de Área 11 fue legendario. La casa rural en Les Planes d'Hostoles (Girona), sublime. No hubo ni un pero en todo el fin de semana (a excepción del capítulo del paquete de tabaco, una cosa menor) y si las perspectivas eran buenas, la realidad fue aún mejor.

Montse, César y yo nos fuimos el viernes por la tarde. Nos quedamos con la boca abierta en la llegada a la casa, un auténtico lujo inesperado. Echamos un ping-pong, un futbolín, nos remojamos los morros y nos relajamos dentro de la piscina. Más tarde llegó el segundo turno de la expedición. Primera noche de risas, torneos deportivos, discusiones futbolísticas, baño nocturno, conversaciones surreales y el amanecer (¡Jonathan, escóndete!).

Descansar, mucho. Dormir, poco. Paseo matutino por el pueblo, a punto estuvimos de abrir nosotros el único bar del pueblo, un par de horas en posición horizontal y de nuevo a la piscina. Desayuno del sábado pasado por agua, tumbing al solete, aperitivo nacional (patatas, olivas y medianas) y a comer. Llegada de la tercera expedición, siesta+piscina musical, más solete y más aperitivo para merendar.

Ahora que lo voy escribiendo, vaya fin de semana de pachorra, tú. Y el domingo, imagináos. Más piscina, más solete, más aperitivos y más relax. Una buena fideuá entre pecho y espalda y preparación física y psicológica para la final de la Eurocopa. Broche de oro al fin de semana, con festival en Plaza España junto a Ger, Gallardo & cia.

Buena valoración de esos tres días, como he dicho las expectativas eran buenas, y el resultado fue mejor todavía. Incluso me llevé más de lo que esperaba, algo sorprendente a la par que divertido. Más fotos del fin de semana en mi Facebook.

Fotos: La primera está tomada en la segunda planta, el salón principal. Allí estaba ubicada la cocina, la cadena de música, un baño, el futbolín, la mesa de ping pong, una habitación, sofás, una cama de matriomonio muy rústica y las escaleras que conducían a la buhardilla. La segunda, vista desde una ventana de la segunda planta que daba a la terraza, donde estaba la piscina.

PD: Merche, se te echó mucho de menos. Un abrazo también a todos ellos que no pudieron venir.